Terapias extravagantes, buenas para la salud


Ayer se publicaba que la Universidad de Surrey, Inglaterra, estudiará el modo en que el trino de los pájaros repercute en el cerebro y la posibilidad de que éste resulte terapéutico para quien lo eschuche.

Me atrevo a aventurar que el resultado será positivo… en cierta medida. ¿En cuál? Pues en aquella en que todo estimulo externo que nos resulta agradable, hace que el cerebro segregue una serie de sustancias que nos hacen sentir mejor. Evidentemente estas sustancias no nos van a curar de enfermedades físicas, pero seguro que nos ayudan a relajarnos y a mejorar nuestro estado emocional. Y eso es terapéutico.

De hecho ya existen terapias basadas en esos “inputs” reconfortantes como por ejemplo la musicoterapia o la terapia con animales. En ambos casos el principio activo se funda en que tanto la música clásica como el contacto directo con ciertos animales sean gratos para las personas a las que se les aplica. Si, como en el caso de Alex, el protagonista de la Naranja Mecánica, se asocia la música clásica con algo desagradable, por ejemplo un castigo, ésta pasará a ser un factor pernicioso y depresor.

En el caso de los trinos, imagino que la gran mayoría de las personas los vincula a la naturaleza, lo que en muchos casos implica tranquilidad, tiempo libre, vacaciones, etc. Con lo que al oírlos les invadirá esa sensación positiva de sosiego.

Habría que preguntar a un dependiente de una tienda de animales si el piar de los pajarillos le es desestresante o no.