La enfermedad de los escaparates

terceraedad.jpgUno de cada diez españoles con más de 55 años padece enfermedad arterial periférica, conocida popularmente como la enfermedad de los escaparates, que se caracteriza porque produce un dolor cada vez más intenso en las piernas que obliga al paciente a detenerse cada cierto tiempo.

Dada la disparidad que existe en los métodos para curar la afección, un grupo de trabajo con representantes de 16 sociedades científicas ha elaborado las guías TASC II, publicadas por la revista European Journal of Vascular and Endovascular Surgery, que incluyen recomendaciones para mejorar la detección y el tratamiento de la enfermedad que, según los especialistas, en España está “infradiagnosticada a pesar del riesgo que eso conlleva para los afectados”.

Un dolor cada vez más frecuente
En concreto, la EAP consiste en un aumento progresivo de obstrucción en las arterias que dificulta el andar de los afectados. Al principio, la necesidad de estos pacientes de pararse se produce tras andar grandes distancias; con el tiempo, aumentan las arterias obstruidas y progresivamente esas distancias van acortándose.

Después, llega un momento en el que el paciente siente un dolor fuerte que lo obliga a detenerse a descansar las piernas, hasta que lo padece incluso en reposo. A partir de ahí, puede llegar a desarrollar lesiones isquémicas en forma de gangrena que pueden precisar la amputación de la extremidad.

El nombre con que se conoce usualmente a la enfermedad, ‘de los escaparates’, se refiere al segundo grado del proceso. Según explica el jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital de Bellvitge de Barcelona, doctor Marc Cairols, en el primero el problema “aún no provoca síntomas”, y el tercer grado “supone la irrupción del dolor sin necesidad de andar”, mientras que la fase final “conlleva la aparición de la lesión”.

Asimismo, según destacó este especialista, el infradiagnóstico es muy común en la primera fase, pero también es habitual incluso entre los pacientes con síntomas que “atribuyen erróneamente el dolor a un achaque propio del envejecimiento”.