El deporte y la hidratación

Más allá del ejercicio físico en sí mismo, el cual debiéramos considerar siempre de la mano de un especialista, otro de los factores al tener en cuenta cuando realizamos deporte tiene que ver directamente con la forma en la que nos hidratamos, además de la cantidad de líquidos que ingerimos, claro, ya que los fluidos corporales significan muchas veces el equilibrio, o no, del organismo en estos casos.

De esta forma, debemos tener en cuenta, por ejemplo, que al comenzar a sudar el organismo, se produce un proceso por el cual la transpiración logra que se enfríe la temperatura del cuerpo. Si el líquido, entonces, no se repone en las siguientes horas, en un plazo corto, tendremos un descenso del rendimiento mediante el cual podemos luego derivar en golpes de calor, fatiga, y demás.

Incluso, y más allá de eso, los beneficios de una buena hidratación al momento de hacer deporte están totalmente comprobados, y tienen que ver con la disminución del número de latidos cardíacos y del aumento de la temperatura corporal, además de evidentes mejoras en cuanto al volumen de sangre en cada latido, y también del flujo sanguíneo de la piel, sin profundizar ya en los niveles de sodio, potasio y adrenalina.

En este sentido, tampoco podemos dejar de pensar en el rol que ocupa el proceso denominado “termorregulación”, mediante el cual se entiende que la temperatura en el organismo no es uniforme en todas las regiones. Y por eso, aunque consideremos que no “sentimos frío”, es necesario que consumamos líquido, ya que es un activo principal en este proceso para que la temperatura global del cuerpo se normalice.

Además, en estos casos se debe considerar que también el ascenso de la temperatura corporal durante el ejercicio depende de la temperatura ambiente. Es por esta razón que en los días más calurosos del año, cuando nuestro organismo puede experimentar aún más calor, debemos tomar todavía más líquido.