Cuando el estrés nos gana la carrera


Para ahuyentar a este inseparable devorador de nervios, que cada vez invade más parcelas de nuestra vida, basta con aplicar algunas técnicas sencillas, como darse un breve automasaje, respirar hierbas aromáticas, aflojar los músculos del cuerpo, poner las cosas sobre el papel o aprender a decir no.
Cuando el estímulo del estrés invade los canales nerviosos y energéticos del organismo, éste puede acabar por responder negativamente y pasar una factura importante a la salud, en algún momento de la vida.
Cuando padecemos estrés o sus secuelas podemos notar una serie de síntomas de van desde nerviosismo, preocupación, ansiedad, fobia y neurosis de ansiedad, hasta miedo, fatiga crónica e insomnio: una cascada de acontecimientos que nos afectan diariamente y muy de lleno, sin que lo percibamos aún, en muchas partes del organismo.
En la última fase, llamada de extenuación, los síntomas del estrés se manifiestan como enfermedades, debilidad, dolor de cabeza, adelgazamiento y estados depresivos. Caen los niveles de vitaminas, minerales y oligoelementos en el organismo, comienza a dañarse el sistema inmunitario, y si no se remonta la situación se entra en el Síndrome de Fatiga Crónica ó SFC.
El SFC es la enfermedad o manifestación patológica más conocida del final del estrés, aunque en algunas personas, sobre todo mujeres, se puede imbricar con otro padecimiento denominado fibromialgia, una combinación de dolor muscular, cansancio y depresión.