Ir a la montaña en los meses de más frío difiere mucho de hacerlo en otras épocas. Más aún si nuestro destino está nevado. No solo es cuestión de ropa de abrigo, raquetas o piolés. También, por supuesto. Pero existen muchos otros factores a tener en cuenta, menos evidentes, que suelen pasar desapercibidos.
Para empezar, es vital conocer el tiempo que nos espera. Los cambios meteorológicos en nieve pueden ser muy peligrosos ya que es fácil que afecten a la visibilidad y por tanto a la orientación. Por esa misma razón no está de más que nos acompañe un GPS.
La alimentación que debemos llevar con nosotros es distinta en invierno que en verano, porque la forma de consumir energía del cuerpo también lo es. Mientras que en la época estival prima la hidratación, en invierno cobra vital importancia el aporte calórico mediante frutas secas (no confundir con frutos secos) como dátiles, higos ...